16 Agosto, 2017

Divididos, oíd mortales

Divididos, oíd mortales

Por Amalia Alvarez
Fotos de Euge Nuñez

Con las estrofas del Himno Nacional Argentino interpretadas por Ricardo Mollo se dio inicio a una noche que, para felicidad de todos los presentes, sería maravillosamente larga. La aplanadora pasó una vez más por nuestra ciudad y, como siempre, la cita se concretó en el microestadio Atenas el pasado sábado 8 de octubre. Allí el power trío integrado por Diego Arnedo, Catriel Ciavarella y Mollo desplegó toda su energía en una noche que se extendió recorriendo los ocho discos de la banda, más los covers a los que ya nos tiene acostumbrados la banda y alguna que otra yapa.

Desde temprano y en un Atenas repleto, la multitud coreó los clásicos cánticos mientras esperaba a que pasadas las 21:30 horas los primeros acordes hicieran explotar el lugar, que en esta oportunidad incorporó una novedad: dos pantallas gigantes a los laterales del escenario permitieron que durante el recital se pudiera ver el show en vivo, entremezclado con imágenes de Manal, Invisible, Pappo y el Flaco Spinetta.

Para el inicio, Divididos eligió su primer álbum, 40 dibujos ahí en el piso, para hacer un enganche de los temas “Che… ¿Qué esperás?”, “Un montón de huesos”, “La mosca porteña” y “Haciendo cosas raras” y así lograr cautivar de entrada al público valiéndose de la intensidad de las melodías sin pausa, que sólo se interrumpieron con la explosión de los aplausos.

La velada continuó manteniendo los estándares bien altos. Hubo un repaso de Narigón del siglo con “Tanto antojo” y “Elefantes en Europa”; un vistazo por Vengo del placard de otro de la mano de “Ay, que dios boludo”; y un recorrido por temas de Acariciando lo áspero, como “Paraguay”, “Azulejo”, “El burrito” –que incluyó una interpretación de armónica sublime- y “Cuadros colgados”, que trajo consigo el momento en el que Ricardo deslumbró con su solo de guitarra. Luego, llegó el turno de Amapola del 66, el último trabajo de estudio de la banda, y sonaron los grandes “Hombre en U”“Perro Funk” y el homónimo “Amapola del 66”, que logró inundar con su energía el lugar. Por supuesto, los clásicos no podían faltar, y así fue como sonaron “Dame un limón”, “Spaghetti del rock” y “Sábado”.

Fiel a la costumbre, Divididos decidió vestir el momento de los covers con sus ya clásicas versiones de “Tengo” de Sandro, “Sucio y desprolijo” de Pappo y “Voodoo Child” de Hendrix, en la que además Mollo cumplió, como siempre, con el ritual de hacer un punteo en su guitarra con una zapatilla que previamente arrojó el público, cómplice de esta hazaña; esta vez, y por si quedaban dudas que la guitarra es como una extensión del cuerpo de Ricardo, él continuó el punteo con su boca, ante los gritos enloquecidos de los fanáticos.

Hacia el final, y amagando con el cierre, aparecieron “Rasputín”, “El 38” y “Ala delta” en un nuevo enganche aplanador, como si el espectáculo con sus dos horas y media ya transcurridas recién comenzara.

Por último, llegó el momento Sumo de la noche con los explosivos “Crua chan” y “Nextweek”, canción durante la cual Mollo dejó resonando su pedal y bajó del escenario para acercarse al público con una ofrenda de púas que repartió a lo largo de toda la afortunada primera fila, dejando el cierre a cargo de Catriel y Arnedo. Después, la oleada potente de aplausos, gritos y coros, manifiesto de una audiencia más que satisfecha, que se iba de Atenas otra vez con los oídos vibrantes, la garganta cansada y la felicidad impresa en el rostro.

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