16 Agosto, 2017

Una noche de ceremonia

Una noche de ceremonia

Por Melisa Bihurriet
Fotos de Victoria Iseas

La cita fue anunciada hace unos meses atrás. Durante este tiempo, la difusión a través de las redes sociales y algunas notas periodísticas que dieron los músicos revelaron que El Perrodiablo necesita la ceremonia tanto como el público.

El sábado pasado, Club V abrió sus puertas a la medianoche dando inicio a una fecha memorable. El recibimiento amigable y relajado despejó cualquier duda respecto al lugar. Una casa para recitales que tiene todo lo que se necesita: un buen sonido, luces tenues, una barra con una generosa diversidad de bebidas alcohólicas y hasta incluso, en una de las paredes, un cartel de calle que dice “Corrientes al 5000 – 5100”, por si las cabezas voladas olvidan dónde están paradas.

A la una y media de la mañana, Riel abrió el festejo. Un sonido oscuro y pegadizo hizo que rápidamente comiencen a moverse los pies y el público entre en clima de festival. El repertorio lleno de compulsivos compases y una guitarra espacial dejó en claro que éstos son los mayores atractivos de la banda conformada por Mora y Germán y que ya tiene dos discos, tres EPs y cinco años de laburo. Esta noche, los chicos aprovecharon además para presentar temas del álbum que lanzarán en noviembre. Para el cierre, una distorsión de pedalera electrónica dejó un saldo de vastos aplausos.

Sin pausas, los stages empezaron a preparar todo junto a los músicos para el siguiente show. Un breve momento para rellenar los vasos y saludar a los amigos que seguían llegando bastó para dar paso a la segunda banda. Entonces, The Hojas Secas arrancó su set con “Malambo de Acero” y nuevamente la atención de todos se posó en el escenario para presenciar las ocurrencias de los platenses, que se mostraron como siempre divertidos y muy comunicativos con el público. A medida que el recital fue avanzando y fue creciendo la euforia, fueron bajando las luces a pedido de Lucas Jaubet -cantante de la banda-, que exigía “más cueva para esta liberación general”.

Los diez años que llevan juntos los músicos –y amigos- de The Hojas Secas no pasan desapercibidos. El público ya conoce los temas y en Club V no vaciló al corearlos y pedir que no termine el show, tanto que la lista alcanzó las 16 canciones y atravesó todos los discos. Una joyita. La banda cerró con “Sucio”, un tema punk que se burla de la frialdad que pueden tener los caretas en el mundo de las relaciones humanas.

Terminado el segundo show, el telón de fondo con la proyección de una imagen especial para la fecha esperaba por El Perrodiablo para alucinar rocanroles. Cerca de las cuatro de la madrugada los músicos platenses se desataban por el club como fieras con las cadenas recién cortadas.

El Perrodiablo eligió para esta ceremonia -el evento organizado por la banda que conforman Doma, Chaume, Lea, José y Fran ya lleva 2 años de vida- un repertorio súper fresco e incluso presentó un puñado de temas nuevos, algo que los músicos vienen haciendo en sus últimos shows, por lo que el sonido del disco en el que trabajan y que van a grabar en octubre -con una vuelta de tuerca que ellos denominan “más impronta norteamericana”– se va amoldando como las zapatillas, después de andar unos kilómetros.

Doma se encargó de mantener prendida la mecha que había encendido junto a sus compañeros desde el principio del show. Así, a lo largo del recital recorrió el lugar, se trepó a la barra para saludar y cantó y pogueó junto al público. La comunión de esta noche incluyó también la participación de músicos amigos, como Juan Pablo Gambarini -guitarrista de Fútbol-, que cantó algunos temas y anunció que próximamente su banda compartirá fecha con El Perrodiablo.

Como ya es costumbre en los recitales de El Perrodiablo, con “Las Vegas” llegó el momento épico de la noche, que incluyó un enganche de estrofas de “Risa” de Babasónicos, “Patrullas del Terror” de Bestia Bebé y “Tu hermana” de Emmanuel Horvilleur. El sonido arrollador de los perros, entonces, pasó por los cuerpos como una balacera de acordes.

El recital duró cerca de dos horas y la banda negoció los últimos temas con los deseos del público, entre los que estuvo “No califica”. Cuando terminó la distorsión, alrededor de las 5:43 AM, en Club V quedó una sensación post festival inconfundible y reconfortante, el después de una catarsis colectiva y necesaria. La ceremonia nos enseñó, una vez más, algo sobre estar vivos.

Noticias Relacionadas